La Kena Upaniṣad: ¿Cuál es la fuerza que mueve la vida?
- Río Dulce Yoga Estudio
- 23 dic 2025
- 3 Min. de lectura
La Kena Upaniṣad, uno de los textos más breves y luminosos del Sāmaveda, abre con una pregunta sencilla y al mismo tiempo abismal: ¿qué es lo que impulsa la mente, el habla, la vista, el oído y el aliento vital? Esta pregunta marca el tono de toda la enseñanza. Aunque creemos que pensamos, vemos, respiramos y actuamos por voluntad propia, la Upaniṣad nos invita a contemplar que, detrás de cada experiencia, hay una presencia más sutil, silenciosa y fundamental.
El texto responde de forma directa: “El ātman es el oído del oído, la mente de la mente, el habla del habla, el prāṇa del prāṇa, el ojo del ojo” Kenya upanishad. Todo lo que reconocemos como nuestras funciones—sentir, pensar, hablar, vivir—está sostenido por algo que no puede verse como un objeto, pero gracias a lo cual todo es posible. La Upaniṣad insiste en que los ojos no pueden percibirlo, el habla no puede describirlo y la mente no puede comprenderlo plenamente, y sin embargo es eso mismo lo que permite ver, hablar y pensar. Brahman no es algo que se conoce desde afuera: es la luz misma del conocimiento. Por eso afirma que aquello que la vista no puede ver, pero por lo que la vista ve, es Brahman; lo que la palabra no puede describir, pero por lo que la palabra es posible, es Brahman; lo que la mente no puede pensar, pero hace posible el pensamiento, es Brahman.
En su segunda parte, la Upaniṣad profundiza esta idea señalando que quien cree conocer plenamente a Brahman solo ha comprendido una mínima fracción. El sabio no dice “lo conozco”, pero tampoco “no lo conozco”; reconoce que Brahman no se accede a través del concepto, sino de una presencia íntima que se intuye, se reconoce y se vive. Brahman es distinto de lo conocido y de lo desconocido, y no se revela a través del objeto, sino en el acto mismo de conocer.
Para transmitir esta verdad con más fuerza, la Upaniṣad introduce luego un relato simbólico. Se cuenta que los devas habían alcanzado una gran victoria, pero en su orgullo creyeron que ese triunfo se debía a sus propios poderes. Brahman, viendo su vanidad, apareció ante ellos en la forma misteriosa de un Yakṣa. Un yakṣa es una figura enigmática, divina y deslumbrante, que suele actuar como mensajero o guardián entre planos. Aquí es Brahman mismo adoptando una forma velada para revelar a los dioses su error.
Agni, el dios del fuego, fue el primero en acercarse. Agni representa la energía, la transformación y el poder de quemar e iluminar. Con seguridad, afirmó que podía reducir a cenizas cualquier cosa. Brahman, en la forma del Yakṣa, colocó ante él una simple paja y le pidió que la consumiera. Agni lo intentó, pero no pudo quemarla. Su poder, tan vasto en apariencia, se volvió impotente frente a una brizna colocada por Brahman.
Después fue Vāyu, el dios del viento y del prāṇa, la fuerza vital. Vāyu declaró que podía mover y sacudirlo todo. El Yakṣa le mostró la misma brizna y le pidió moverla. Vāyu sopló, insistió, se esforzó, y sin embargo la paja permaneció inmóvil. La Upaniṣad muestra así el límite de los elementos: fuego y viento, fuerzas inmensas de la naturaleza, descubren que su energía no les pertenece.
Finalmente se acercó Indra, rey de los dioses, símbolo de la inteligencia clara, la mente que busca comprender. Cuando Indra llegó, el Yakṣa desapareció. En su lugar apareció Uma, hija de Himavat, figura del conocimiento sagrado. Ella reveló la verdad: “Ese Yakṣa era Brahman. Mediante la victoria de Brahman obtuvisteis esta gloria” Indra fue el único capaz de acercarse lo suficiente como para recibir la enseñanza, por eso la Upaniṣad lo reconoce como superior entre los devas.
El texto concluye mostrando dos modos de comprender esta presencia divina. En el plano cósmico, Brahman es como un destello, un parpadeo, una aparición súbita de luz. En el plano humano, Brahman es aquello hacia lo que la mente se dirige naturalmente y aquello que se recuerda como cercano, incluso en silencio. La enseñanza final es que quien reconoce a Brahman en sí mismo se establece en lo infinito, lo dichoso y lo supremo.
La Kena Upaniṣad nos invita a dirigir la atención hacia aquello que sostiene todos los actos: la consciencia misma. No se trata de un conocimiento intelectual, sino de un reconocimiento interior. La fuerza que mueve la vida no está en los sentidos, ni en la mente, ni siquiera en los dioses, sino en el Ser que hace posible que todo exista. Quien lo reconoce, dice la Upaniṣad, alcanza la verdadera inmortalidad.
Fuente: Upanishads de Norberto Tucci




Comentarios