Cuestionamiento y discernimiento.
- Río Dulce Yoga Estudio
- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 12 horas
Cuestionamiento, asmitā y discernimiento en la psicología contemporánea y los Yoga Sūtra
En el debate contemporáneo, el cuestionamiento suele presentarse como sinónimo de pensamiento crítico. Dudar, interrogar, desconfiar de narrativas establecidas aparece como evidencia de lucidez intelectual. Sin embargo, desde una perspectiva filosófica rigurosa —tanto en la tradición india como en la psicología moderna— conviene distinguir entre la mera suspensión de una creencia y la capacidad estructurada de discernir con fundamento. No toda duda es epistemológicamente fértil; no todo cuestionamiento conduce a conocimiento válido.
Cuestionar implica interrumpir una asunción previa. Es una operación metacognitiva mediante la cual algo que era tácitamente aceptado se vuelve problemático. Esta interrupción genera una apertura de indeterminación: lo que parecía estable pierde su evidencia inmediata. No obstante, dicha apertura rara vez permanece vacía. La mente humana tiende a completar rápidamente la falta de información mediante inferencias, muchas veces automáticas.
La psicología cognitiva ha mostrado que el procesamiento ordinario de la información opera a través de heurísticas y sesgos sistemáticos. Daniel Kahneman ha descrito cómo nuestras evaluaciones espontáneas se apoyan en procesos rápidos e intuitivos que construyen narrativas coherentes incluso cuando la evidencia es parcial. En consecuencia, cuando cuestionamos algo, no solo suspendemos una creencia: simultáneamente comenzamos a reemplazarla por hipótesis que pueden estar guiadas más por predisposiciones emocionales que por análisis riguroso.
Desde otra perspectiva, el psicoanálisis también subrayó la dimensión no transparente del juicio. Sigmund Freud y desarrollos posteriores en teoría de la proyección señalaron que el sujeto puede atribuir al exterior contenidos que pertenecen a su propia dinámica interna. En este sentido, el cuestionamiento no siempre es búsqueda desinteresada de verdad; puede funcionar como mecanismo defensivo.
La tradición del yoga clásico reconoció esta misma problemática en términos propios. En los Yoga Sūtra de Patañjali (YSP), uno de los kleśa fundamentales es asmitā (YSP 2.6), definida como la identificación entre el poder de ver y el instrumento de la visión: la confusión entre conciencia y mente. Asmitā no es simplemente “ego” en sentido coloquial; es la apropiación de los procesos mentales como si constituyeran el sí mismo. Cuando el cuestionamiento nace desde asmitā, deja de ser una investigación y se convierte en una defensa de identidad. No se pregunta para comprender, sino para sostener una autoimagen.
De este modo, tanto la psicología moderna como la psicología yóguica reconocen que el “yo” interviene en la producción del juicio. El cuestionamiento puede estar menos orientado hacia la verdad que hacia la preservación de coherencia interna.
La filosofía clásica de la India abordó estas cuestiones con una sofisticación epistemológica notable a través de la teoría de los pramāṇa, los medios de conocimiento válido. En distintas escuelas se reconocen diversos pramāṇa, pero comúnmente se incluyen pratyakṣa (percepción directa), anumāna (inferencia válida) y śabda (testimonio fiable). Lo relevante aquí es que el cuestionamiento, en sí mismo, no constituye un pramāṇa. No es un medio autónomo de conocimiento. Puede iniciar una investigación, pero no garantiza validez cognitiva. Para que la duda produzca conocimiento, debe resolverse mediante medios reconocidos como fiables.
Esta distinción adquiere especial claridad en los YSP. Allí, el eje del proceso liberador no es la duda sistemática, sino el discernimiento (viveka). En YSP 2.26 se afirma:
viveka-khyātiḥ aviplavā hānopāyaḥ
“La intelección discriminativa infalible es el medio para la erradicación.”
El término viveka-khyāti designa una forma de conocimiento estable (aviplavā, no fluctuante) que distingue con precisión entre puruṣa (conciencia pura, inmutable) y prakṛti (naturaleza cambiante, incluyendo mente y fenómenos). El sufrimiento no surge, según los YSP, por falta de cuestionamiento, sino por error en la discriminación. En YSP 2.5, avidyā se define como la confusión entre lo permanente y lo impermanente, lo puro y lo impuro, lo propio y lo no-propio. La ignorancia no es credulidad ingenua; es superposición ontológica incorrecta.
Desde este marco, el cuestionamiento puede ser una etapa preliminar que desestabiliza una creencia. Pero solo el discernimiento sostenido —fundado en medios de conocimiento válidos y libre de apropiación egocentrada— produce claridad transformadora.
El budismo temprano ofrece un paralelo significativo. En el Kalama Sutta, el Buddha aconseja no aceptar enseñanzas simplemente por tradición, autoridad o repetición. Sin embargo, este discurso no promueve un escepticismo ilimitado. Propone criterios concretos: evaluar si una enseñanza conduce al daño o al bienestar, a la confusión o a la claridad. Además, la tradición budista distingue entre vicikicchā (duda escéptica paralizante, considerada uno de los obstáculos mentales) y paññā (sabiduría discriminativa). La primera dispersa y desorganiza; la segunda integra comprensión.
La diferencia entre cuestionamiento y discernimiento puede observarse en una situación concreta. Supongamos que un docente modifica el enfoque de su enseñanza, incorporando más estudio filosófico y menos práctica física.
El cuestionamiento inmediato podría formularse en preguntas como:“¿Por qué está cambiando esto?”“¿Qué intención oculta habrá detrás?”“¿Estará buscando legitimidad?”“¿Se estará desviando de la tradición?”
Estas preguntas pueden surgir desde una genuina inquietud, pero también pueden estar sostenidas por inferencias rápidas o por una reacción de asmitā: la incomodidad de que la enseñanza ya no confirme mis preferencias o mi identidad dentro del grupo.
El discernimiento, en cambio, formularía preguntas distintas:“¿Este cambio contradice principios doctrinales verificables?”“¿Existe respaldo textual en la tradición?”“¿Estoy reaccionando desde apego personal (rāga) o ante una inconsistencia objetiva?”“¿Qué muestran la experiencia directa y el estudio comparado?”
Aquí la mente no busca defender una posición previa, sino distinguir con criterio. No elimina la crítica; la fundamenta.
Podemos sintetizar la diferencia así: el cuestionamiento es una operación que desestabiliza; el discernimiento es una capacidad que discrimina correctamente. El primero puede estar teñido por sesgos y apropiaciones del yo; el segundo exige claridad, criterios y cierta desidentificación respecto de los propios procesos mentales.
Entre la credulidad acrítica y el escepticismo compulsivo, tanto el yoga clásico como el budismo temprano proponen una vía de inteligencia madura: una mente capaz de examinar sin reaccionar, distinguir sin proyectar y comprender sin apropiarse.
El cuestionamiento puede iniciar el proceso filosófico.El discernimiento —cuando supera la influencia de asmitā y se estabiliza como viveka— lo culmina.
Y es esa culminación, no la mera sospecha, la que verdaderamente transforma la mente.





Comentarios