¿Māyā es real o ilusoria? Un diálogo entre los Śiva Sūtras y el Vedānta.
- Río Dulce Yoga Estudio
- hace 21 horas
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Durante mucho tiempo, esta pregunta me generó una especie de incomodidad filosófica. Porque no es menor: según cómo entendamos māyā, entendemos la realidad misma, nuestra experiencia, el cuerpo, el mundo… incluso la práctica de yoga.
En el Vedānta, especialmente en su vertiente advaita, se nos dice que māyā es un velo, una ilusión. No en el sentido de que el mundo “no exista” de manera absoluta, sino que no posee una realidad última. Es mithyā: algo que aparece, que funciona, pero que no es independiente ni absolutamente real. Como una cuerda que en la penumbra confundimos con una serpiente: la experiencia está, el miedo está, pero el objeto proyectado no tiene existencia propia.
Sin embargo, cuando nos acercamos a los Śiva Sūtras, el tono cambia. No se niega el mundo. No se lo rebaja a una ilusión a trascender. Por el contrario, se lo reconoce como una manifestación real de la conciencia.
Y ahí es donde aparece la tensión… o tal vez, la oportunidad de comprensión.
En la tradición del Śaivismo de Cachemira, māyā no es simplemente ignorancia, sino un tattva, un principio constitutivo de la realidad. Es una de las formas en las que la conciencia absoluta —Śiva— se contrae para poder experimentarse a sí misma como multiplicidad. Es decir, el mundo no es un error: es una expresión.
Esto cambia completamente la perspectiva práctica. Porque si el mundo es una ilusión a ser disuelta, la vía será el desapego radical, la discriminación constante entre lo real y lo irreal (viveka). Pero si el mundo es una manifestación de la conciencia, entonces la vía no necesariamente pasa por negar la experiencia, sino por reconocer su naturaleza esencial.
No es casual que los Śiva Sūtras apunten una y otra vez al reconocimiento (pratyabhijñā): reconocer que todo lo que aparece —pensamientos, emociones, percepciones— es, en última instancia, conciencia misma.
Entonces, ¿quién tiene razón?
Desde mi experiencia —y esto no es una respuesta académica cerrada— siento que ambas visiones no se contradicen tanto como parece. Más bien, operan en distintos niveles de lectura.
El Vedānta pone el énfasis en desidentificarnos. Nos entrena para ver que aquello con lo que solemos identificarnos —el cuerpo, la mente, los estados— no es lo que verdaderamente somos. Es un camino profundamente necesario, sobre todo cuando estamos completamente absorbidos en la experiencia.
El Śaivismo, en cambio, parece hablarle a alguien que ya hizo, al menos en parte, ese proceso. Y entonces da un paso más: no solo no eres eso… sino que eso también eres tú. No como objeto limitado, sino como expresión de una misma conciencia expandida.
A mí, personalmente, este segundo enfoque me resulta desafiante. Porque implica dejar de rechazar la experiencia. Y eso no siempre es cómodo. Hay estados que preferiríamos seguir llamando “ilusión” para no tener que integrarlos.
Pero también abre algo muy potente: la posibilidad de que no haya nada afuera de lo sagrado.
Que incluso en la confusión, en el error, en el límite… haya conciencia desplegándose.
Quizás, entonces, la pregunta no sea si māyā es real o ilusoria, sino desde dónde la estamos mirando.
Si la miramos desde la identificación, probablemente sea un velo.
Si la miramos desde el reconocimiento, tal vez sea el juego mismo de la conciencia.
Y en ese movimiento —entre discernir y reconocer— se va afinando, poco a poco, nuestra práctica.




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